Photobucket

EXPRESSO NEWS
Pages: (3) [1] 2 3  ( Go to first unread post )

 Las Crónicas de Ryddle
Once Cullen Hale
Posted: Dec 15 2008, 05:14 PM


Slytherin de 1º
Group Icon

Group: Alumno Slytherin
Posts: 2.424
Member No.: 273
Joined: 13-December 08



¡Cordiales saludos de parte de ence Cullen Hale!
Os traigo una historia, un diario, que escribo en mis ratos libres, y que espero que os guste. Como podréis deducir en cuanto leáis las primeras líneas, narra la vida de Tom Sorvolo Ryddle en Hogwarts, y en primera persona. Iré saltando épocas (días, semanas, meses e incluso cursos) porque no quiero ni puedo contaros algo que se extienda como los libros, ni mucho menos, pero sí me gustaría transmitiros mi visión de cómo lord Voldemort forjó sus primeros años en el mundo mágico. ¡Que lo disfrutéis!


Í N D I C E

Prólogo. Destino de serpiente [en este post]
Capítulo I. Mi único temor
Capítulo II. La Sección Prohibida
Capítulo III. Reunión
Capítulo IV. Admiración y respeto
Capítulo V. Persuasión
Capítulo VI. El paso del tiempo
Capítulo VII. Arañas
Capítulo VIII. El secreto de la serpiente




Prólogo. Destino de serpiente

Cada paso que daba, cada escalón que subía por aquella colosal escalera blanca, me fascinaba a más no poder. Eché un vistazo alrededor; las paredes, el techo, el abismo… Aquel castillo, Hogwarts, era impresionante, inmenso… perfecto. Mis ojos destellaron con la luz de la ambición.
- Esperad aquí –nos dijo la joven Minerva McGonagall antes de perderse a través del gran portón que nos cerraba el paso.
Me giré y contemplé fugazmente al resto de novatos. Sólo algunos me llamaron ligeramente la atención, como aquel chico rubio de rostro afilado y mirada fría, o esa muchacha de ojos grandes, risa alocada y negruzco pelo encrespado. Sin mediar palabra alguna, lancé una última mirada desdeñosa a aquel muchacho que parecía demasiado alto para ser humano, pero que tenía el rostro ausente y preocupado de los incautos y los estúpidos.
Por fin, la profesora McGonagall regresó en nuestra busca.
- Acompañadme, por favor.
Sin rechistar, obedecimos, y la inmensa puerta doble se abrió para nosotros, dejándome aún más maravillado y encantado con lo que vi. Empujé sutilmente el hombro de una niña llorica con gafas y trenzas, y me situé el primero, avanzando entre las cuatro larguísimas mesas desde las cuales centenares de alumnos nos contemplaban con expresiones de todas las variedades posibles, iluminados por otras tantas velas flotantes, dirigiéndonos hacia la mesa principal, la de los profesores, donde distinguí al siempre preocupado Albus Dumbledore. McGonagall nos hizo detenernos frente a un atril sobre el que reposaba un viejo sombrero ajado, y se situó a su lado.
- ¡Escuchadme todos, por favor! –se hizo el silencio inmediato en la sala- Este es el Sombrero Seleccionador, el cual os pondréis sobre la cabeza para saber a cuál de las cuatro casas estáis destinados a pertenecer: Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw… y Slyherin –esbocé una sonrisa burlona-. Así que os iré llamando uno por uno para la selección –desenrolló un pergamino-. ¡Malfoy, Lucius!
El muchacho rubio de cara afilada se acercó. Apenas el sombrero hubo rozado sus orejas gritó:
- ¡Slytherin!
- ¡Hagrid, Rubeus!
Se trataba del muchacho exageradamente alto y de rostro inocente. McGonagall tuvo dificultades para ponerle el sombrero en la cabeza, entre otras cosas porque Hagrid no parecía dispuesto a usar la silla.
- ¡Haga el favor de sentarse!
- Pe-pero… -ciertamente, Hagrid estaba asustado, lo cual reí con malicia para mis adentros- Pero profesora, no c-cabo en la silla…
Resonó una carcajada general.
- ¡Se dice quepo, no cabo! ¡Y sí que cabes, esta silla está preparada! ¿Crees que eres el primer semigigante en Hogwarts?
Así que un semigigante. Tenía la sensación de que mi estancia en Hogwarts iba a ser muy divertida. El pobre Hagrid asintió con torpeza, y se sentó con brusquedad. La silla rechinó, pero aguantó. Abrumada, McGonagall le puso el sombrero.
- Hmm… Ya, claro… ¡¡Gryffindor!!
Suspiré. Obviamente yo iría a Slytherin, y tener a un gigante torpe merodeando todo el día habría supuesto un gran problema.
- ¡Trelawney, Myrtle!
Era el turno de la niña llorica, la de las trenzas horribles. No parecía poseer ninguna cualidad que le permitiese pertenecer a Slytherin.
- ¡Ravenclaw!
Con los ojos llorosos, la niña corrió a sentarse a la mesa que le correspondía. Minerva McGonagall prosiguió.
- ¡Greyback, Fenrir!
¿Greyback? Ese apellido me sonaba de algo. Ya investigaría después.
- ¡Slytherin!
- ¡Lestrange, Bellatrix!
Aquella era la chica paliducha y alocada de cabello oscuro.
- ¡Slytherin!
Contemplé divertido el rostro preocupado de Dumbledore; no parecía gustarle la idea de que aquel año hubiese tantos nuevos alumnos destinados a la casa de la Serpiente.
- ¡Ryddle, Tom!
Mi turno. Lo tenía muy claro: por mis raíces y mis ideales, y por decisión propia, claro, iría a Slytherin; y si al Sombrero Seleccionador se le ocurría la desfachatez de enviarme a una casa distinta, me ocuparía personalmente de que dejaran de llamarlo “sombrero”. Éste pareció captar mis amenazas mentales, porque en cuanto rozó el primero de mis cabellos, escupió con un tono extrañamente sarcástico la palabra “Slytherin”. Sonriente y triunfador me encaminé hacia la mesa, ocupé mi sitio entre Lucius y Bellatrix, y contemplé nuevamente a Dumbledore, que había bajado la mirada para contemplar sus pies como un cobarde.
- ¿Somos amigos, entonces? –sonrió Lucius.
Bellatrix Lestrange asintió de manera descontrolada, riendo. Me limité a sonreír levemente con la comisura de los labios, y los ojos de ambición clavados en el emblema de la serpiente de Slytherin de los estandartes.
Slytherin… aquél era, sin duda alguna, el comienzo de todo.
Top
Megara L. Ryan
Posted: Dec 15 2008, 06:14 PM


Gryffindor de 2º
Group Icon

Group: Alumno Gryffindor
Posts: 303
Member No.: 210
Joined: 9-December 08



O.o
Me gusta como escribes en 1ª persona. Hay historias en las que desarrollan demasiado hasta el aburrimiento y otra n las que no se desarrollla nada y eso si que te deja con ganas de más, pero la tuya está perfecta ^^ Me ha gustado mucho, sobretodo por que es la primera vez que me pongo en la piel de Ridle ^^
Sigue *O*
Top
alex ashford
Posted: Dec 15 2008, 07:43 PM


Slytherin de 1º
Group Icon

Group: Alumno Slytherin
Posts: 4
Member No.: 303
Joined: 14-December 08



:o esta buenisima sigue ! no espero por leer el proximo
Top
Eve Asuka
Posted: Dec 15 2008, 09:21 PM


Hufflepuff de 1º
Group Icon

Group: Alumno Hufflepuff
Posts: 418
Member No.: 106
Joined: 8-December 08



Me gustó mucho este principio ! :)
Me ha gustado ver como Hagrid o Myrtle eran elegidos, aparte de los demás en Slytherin.

Pobre Hagrid xD
Se ve que estará asustado cuando pase algo con Tom xD

Y Minerva, siempre haciendo el mismo recorrido y discurso a los nuevos.
Deberá de estar cansada xD

Escribes muy bien ^^

Bueno, siguelo pronto.

A ver como se relaciona Tom con los demás *.*U

Top
Once Cullen Hale
Posted: Dec 16 2008, 05:31 PM


Slytherin de 1º
Group Icon

Group: Alumno Slytherin
Posts: 2.424
Member No.: 273
Joined: 13-December 08



¡Muchas gracias a los tres! Intentaré mantener esa calidad a medida que avance la historia. Y hablando de avanzar...

Capítulo I. Mi único temor

Aquella fue la primera vez que entré en la sala común de Slytherin, y el entorno me sobrecogió; me encontraba ni más ni menos que en la casa de más poderoso ancestro, Salazar Slytherin, el más digno y tremendo de los cuatro fundadores, del cual yo, Tom Sorvolo Ryddle, fruto de una asquerosa mezcla de sangres muggle y squib, era descendiente. Había ocasiones en que sentía un ligero e indescriptible odio hacia mí mismo por la baja calidad de mi sangre, pero entonces recordaba que era a fin de cuentas la sangre de Salazar Slytherin, y aquel hecho me llenaba de orgullo.
Aún sobrecogido e inexpresivo, contemplé la sala común, la chimenea, los sofás y sillones, las macetas, las mesas, todo inundado de un verde serpiente que me hacía sentir como en el interior de una manzana. Pero era mi casa a fin de cuentas, la más noble y poderosa casa de Hogwarts.
- ¡Eh, tú, Tom! ¡Ven con nosotros!
Clavé mis ojos en los de mi interlocutor, Lucius Malfoy, al cual la sonrisa y la euforia se le evaporaron en menos que te muerde una víbora. Una muchacha cuyo rostro no recordaba, también pálida y rubia, abrazó a Lucius por detrás y me contempló con una expresión que inspiraba de todo menos confianza.
- ¿Y tú quién eres?
- Es Tom Ryddle –respondió Malfoy por mí, sin ninguna emoción en su voz.
- ¿Ryddle? ¿Tú eres ese Ryddle? –el rostro de la chica delató su repentino y burlón interés- He oído historias. ¿No eres ese niñato al que Dumbledore fue a recoger a un orfanato? ¿No eres tú el hijo de un muggle y una squib?
Bastó sostenerle la mirada para que perdiese de inmediato las ganas de seguir insultando. No me afectaba en absoluto, la verdad, pero detestaba a la gente que osaba meterse con mi linaje, por muy squib que fuera. Dio un rápido beso a Lucius en la mejilla y se marchó corriendo al dormitorio de las chicas, sin siquiera volverse. Lucius volvió a centrar en mí su atención.
- Esa es Narcisa, mi…
- No me interesa –le corté con frialdad. Se quedó allí, mirándome, entre lo inexpresivo y lo humillado, absorto en sus pensamientos. Por mi parte no tenía la menor intención de malgastar mi tiempo con sandeces, así que me dirigí al dormitorio a comprobar que mi equipaje estaba en orden. Y lo estaba. Saqué con cuidado la jaula, y le abrí para que saliera. No le gustaba estar encerrada, y yo tampoco quería que lo estuviera.
Las serpientes tienen derecho a saborear la libertad, aunque sea entre los muros de un viejo castillo. Contemplé inexpresivo cómo Nagini se perdía en la oscuridad, y me recosté boca arriba sobre la cama, con los brazos tras la cabeza, pensativo.
Hogwarts… Al llegar había establecido una especie de vínculo con el castillo, con la escuela, con aquella poderosa sede del mundo mágico del cual, por desgracia, aún tenía mucho que aprender. Sabía asustar, sabía hacer trucos aquí y allá, pero la auténtica magia, la de verdad, aún estaba fuera de mi alcance.
Y eso no era lo único que quería conseguir. Debía encontrar una solución. Una solución efectiva, y que no supusiese demasiados problemas. Una solución que me ayudase a vencer el único temor que me atormentaría durante toda mi vida.

* * *

Cuando desperté, ya era de día, y no quedaba nadie en la habitación. Ah, claro. Mi primer desayuno. Pero no tenía hambre. Tener que comer me parecía algo despreciable de la raza humana. Los camellos aguantaban meses sin beber, había criaturas que con unas migajas de pan al año sobrevivían, pero… ¿En qué nos habíamos convertido? Alardeábamos de ser los únicos seres vivos racionales, los más inteligentes, los más evolucionados, pero esa teoría no era aplicable al sistema alimenticio. No sólo estábamos condenados a comer y beber en cantidades extravagantes a lo largo de todo el día, sino que éramos selectivos con lo que digeríamos, y había que hacer buena cuenta de los sabores y platos preferidos y odiados por cada individuo.
Patético.
De todos modos, era mi primer día en Hogwarts, y no había que actuar de manera fuera de lo normal tan pronto. Seguiría las mismas pautas que en el orfanato: aguardaría una temporada, quizá un año o dos, a que se acostumbraran a mi presencia, a que me tomaran por alguien inofensivo que se pasa la vida estudiando y elogiando a los profesores, y entonces…
Con una terrible sonrisa, y tras descubrir con asombro que Nagini dormía en la jaula –que por supuesto permanecía abierta-, abandoné la sala común de Slytherin y puse rumbo al Gran Comedor.
No tardé en localizar a Malfoy, Lestrange y Greyback, aunque no pretendía ni mucho menos ser cortés con ellos. Que disfrutasen cuanto quisieran de esas chorradas de los amigos, las parejitas felices y la emoción del primer día. Yo sólo pensaba en mí y en mi futuro, como todos debían hacer si alguno tuviese el cerebro algo más grande que un guisante. Así que, ignorando las risotadas de Bellatrix y los comentarios de los otros dos, me serví un poco de pudín y lo digerí muy despacio, sin darme cuenta de que llevaba un rato contemplando absorto a Dumbledore, que charlaba con el director Dippet sobre algo que, sin ninguna duda, no me interesaba.
En cuanto acabé el pudín, bebí un ligero trago de cerveza de mantequilla y desdoblé el horario: clase doble de Pociones para empezar, después Encantamientos, Vuelo…
No era un mal comienzo, un solo día en aquella escuela y ya parecería una típica bruja de esos clásicos cuentos británicos de Halloween: varita mágica, el caldero y la escoba. Perfecto, hasta una auténtica escuela de Magia y Hechicería se regía por los arquetipos de la sociedad. Qué lamentable.

Cuando llegamos a la puerta del aula de Pociones, en las mazmorras, el profesor aún no había aparecido. Dejé el caldero plegable y demás accesorios estudiantiles apoyados contra el muro, y deseoso de acabar con el aburrimiento que me gobernaba, alcé la varita y miré fijamente a Hagrid, que se volvió hacia mí, tembloroso.
- ¿Q-qué haces, Tom?
Sonreí con la mayor perversión posible.
- Divertirme, ¿no lo ves? Me gustaría convertirte en algo, no sé… ¿Qué tal en una serpiente?
Todos los de Slytherin rieron la gracia con ganas, mientras los demás se cruzaban de brazos y miraban en otra dirección, o admiraban las pintorescas telarañas de las esquinas.
- ¡N-no, Tom! ¡En serpiente no!
- ¿Qué está pasando aquí?
Me volví y guardé la varita. Así que aquél era nuestro profesor de Pociones. Un hombre regordete, con cara de avispado y mirada de buena gente. Había demasiada buena gente en el mundo.
- Nada, charlaba con Hagrid.
- Venga, entrad en clase y comportaos.
Esbocé una mueca de asco. Me desagradaba la manera en que tenía que actuar para que los ingratos de Slytherin comprendiesen quién mandaba. De todos modos, asustar a un semigigante estúpido con una gracia como esa era demasiado fácil.
Entramos en la clase, una enorme mazmorra repleta de calderos para trabajar en parejas, el suelo cubierto de paja podrida y el techo lleno de telarañas y sus anfitrionas. Bien, aquella clase era la primera esperanza para mi objetivo primordial. Mientras el profesor se presentaba –profesor Slughorn, dijo llamarse- y pasaba lista, eché un rápido vistazo al libro de Pociones, esperando encontrar algo como Elixir de la Vida, Poción Rejuvenecedora o Elixir de la Inmortalidad, pero no había nada más allá de una vulgar pócima curativa.
Claro, estábamos en primero. No nos iban a dificultar “tanto” las cosas.
Maldije para mis adentros, maldije la fastidiosa inutilidad de los primeros cursos en Hogwarts si no te enseñaban nada que mereciese la pena hasta que no tuvieses una edad considerable. Había normas e ideales que me repugnaban, y sentí nuevamente aquel odio repulsivo hacia Dumbledore, hacia el director Dippet, hacia Slughorn, hacia todo lo que me rodeaba.
Pero era cuestión de tiempo. Hogwarts albergaba muchos secretos, algunos de los cuales habían sido impuestos por el mismísimo Salazar Slytherin, la única persona que merecía mis respetos y mi reverencia. Estaba dispuesto a encontrarlos, a hacer uso de ellos… Y no pararía hasta que no hallase un arma contra mi único temor, la muerte.
Top
Anhy S. Heartyweell
Posted: Dec 17 2008, 10:10 PM


Ravenclaw de 1º
Group Icon

Group: Alumno Ravenclaw
Posts: 1.603
Member No.: 143
Joined: 8-December 08



Guau!!*0*
¿As pensado ser escritor alguna vez? Narras perfectamente la historia...me encanta... :pop: siguela porfa... :ñe:
Top
Chus Logo Lovegood
Posted: Dec 17 2008, 11:47 PM


Gryffindor de 2º
Group Icon

Group: Alumno Gryffindor
Posts: 332
Member No.: 47
Joined: 8-December 08



¡Madre Miaa! pero como escribes Once :pop: ¿Has pensado en presentarte a algún concurso o algo?
Mmm... Una historia genial xD sigue porfaa :loco:
Top
Theodoros Papaloukas
Posted: Dec 18 2008, 10:43 AM


Slytherin de 1º
Group Icon

Group: Alumno Slytherin
Posts: 3.721
Member No.: 124
Joined: 8-December 08



La verdad Once, es que la historia esta muy bien, espero que no la dejes a la mitad y que la continues.
Top
Anthea L. Lamister
Posted: Dec 18 2008, 03:21 PM


Ravenclaw de 3º
Group Icon

Group: Alumno Ravenclaw
Posts: 733
Member No.: 222
Joined: 10-December 08



No me paso mucho por estos post pero tenía curiosidad y me he mirado algunos, incluyendo el tuyo ^^

Bueno, mi opinión no te puede ser de mucha ayuda pero como han dicho los demás, escribes muy bien y te expresas de forma sútil y libre. Me he fijado que, en el primer capítulo las descripciones eran más cortas (decían mucho) y, en el segundo las has hecho más largas. A mí no me gusta que los autores de un libro se tiren cinco hojas describiendo una cosa o un lugar, un pensamiento... sin llegar a nada, pero tu utilizas cada palabra para algo, no la pones por ocupar sitio, eso está muy bien ^^

A parte, el tema que has escogido es muy original, por eso me he decidido a leerme el post (y mira que soy vaga pero me lo he leído enterito xDD). Por último decirte que te presentes a algún concurso de literatura de relatos cortos, puede ser un buen comienzo...
Top
Eve Asuka
Posted: Dec 18 2008, 11:23 PM


Hufflepuff de 1º
Group Icon

Group: Alumno Hufflepuff
Posts: 418
Member No.: 106
Joined: 8-December 08



Te digo lo mismo que los demás.
Deberías presentarte a algún concurso si no es molestia para ti.
Por intentarlo :)

En serio, me gusta mucho como escribes y esta historia me encanta xD

Pobre Hagrid.
Top
Megara L. Ryan
Posted: Dec 19 2008, 04:02 PM


Gryffindor de 2º
Group Icon

Group: Alumno Gryffindor
Posts: 303
Member No.: 210
Joined: 9-December 08



La segunda parte me ha gustado inclusop más que la primera, lo de siempre, por que el principio siempre es algo más monótono con respecto a las continuaciones por que ahí todavía hay que explicar muchas cosas que la mayoría ya saben xD Pero en este cachito no ha hecho falta y me parece que lo has aprobechado, así que nada, que en opinión personal me ha encantado, pero creo que no te diría que te presentases a un concurso todavía, no por que no crea que esté a la altura sino por que sería mucho mejor (por lo menos desde mi punto de vista) que escribieses una buena historia, larga y contundente, que te sirviese de mucho más que un simple relato corto. Ya sabes que para exprimir, mejor al máximo xD

Un beso^^
Top
Once Cullen Hale
Posted: Dec 19 2008, 05:29 PM


Slytherin de 1º
Group Icon

Group: Alumno Slytherin
Posts: 2.424
Member No.: 273
Joined: 13-December 08



En serio, muchísimas gracias a tod@s. ¿De verdad que lo pensáis? En fin, me sonrojo, me sonrojo.
Bueno, ahí sigue la historia.



Capítulo II. La Sección Prohibida

Decidí empezar aquella noche. Tenía siete largos años por delante en aquel castillo, cierto; no obstante, cuando antes empezase a buscar soluciones, antes podría llevarlas a cabo. Sabía que me lo tenía que tomar con paciencia, y que si nadie lo había logrado aún sería algo tremendamente complicando y arriesgado, y cómo no, peligroso; pero iba a intentarlo, me llevase el tiempo que me llevase.
Mientras abandonaba con mucho cuidado y sin hacer el menor ruido la sala común de Slytherin, analicé mis posibilidades. Apenas llevaba dos semanas de clase, conocía pocos hechizos y me arriesgaba a que me encontrasen, pero tenía que hacerlo. Mi primer objetivo sería buscar en la Sección Prohibida de la Biblioteca, y eso conllevaba recorrer una parte de la Gran Escalera, con sus partes móviles y demás contratiempos. Si hubiese tenido tiempo de estudiar con detenimiento los distintos pasadizos de los retratos de la Sala de Trofeos no habría sido necesario, pero tampoco quería retrasar más mi visita a la biblioteca.
Avancé con cuidado por el pasillo principal de las mazmorras; sabía que habría más de un profesor haciendo guardia para encargarse de castigar a los alumnos que se atreviesen a abandonar sus salas comunes durante la noche, así que tendría que estar muy atento, pues no cometería la imprudencia de usar Lumos, que aumentaría el rango de visibilidad pero facilitaría el hecho de que algún profesor me encontrase.
Me apoyé contra el muro y examiné con cuidado, desde el umbral, si había alguien merodeando por la zona. Tras asegurarme, y con la varita siempre en alto, comencé a subir la Gran Escalera, teniendo siempre cuidado de que sus repentinos y molestos movimientos no me condujesen por la senda errónea. Los individuos de los muy numerosos cuadros dormían, hacían que dormían o roncaban plácidamente; ninguno parecía secundar a los profesores en la tarea de vigilar el castillo en las horas nocturnas.
Continué ascendiendo hasta llegar al cuarto piso, y me dirigí hacia la biblioteca con cuidado. Tuve que darme prisa en esconderme tras una columna; allí había alguien más.
- Vamos –cuchicheó alguien, no muy cerca pero quizá sí demasiado alto-, que nos van a pillar.
Se me escapó una sonrisita estúpida. Eran dos alumnos –chico y chica- inexpertos en el juego del escondite; sabiendo que estaban incumpliendo una norma muy estricta, hablaban alto y llevaban las varitas encendidas. Calculé que debían ser de cuarto curso, tal vez quinto. Iba a abandonar mi escondite cuando…
- ¡Señorita Grace y señor Quirell!
Eso les pasaba por incautos; el bueno de Dumbledore les había pillado.
- Profesor Dumbledore… ¡Qué agradable sorpresa! –mintió el chico.
Esbocé una mueca de asco. No soportaba a la gente capaz de hacer la pelota como un imbécil hasta en la situación más extrema.
- ¿No os hemos dicho cientos de veces que no se puede estar por los pasillos por la noche? Me temo que he de restar 15 puntos a Ravenclaw por cada uno. Y ahora, vuelvan a sus dormitorios antes de que decida imponerles un castigo más severo.
Sin mediar palabra, se marcharon a todo correr. Dumbledore, sin embargo, no se movió; llegué a creer que me había descubierto, pero al cabo de unos segundos, sus pasos se alejaron. Suspiré y, cuando estuve totalmente seguro de que no había nadie más, corrí hacia la biblioteca, que estaba repleto de libros cuidadosamente ordenados en sus inmensas estanterías. Estaba convencido de que ninguno de ellos resolvería mis dudas, pero había una sección que, esperaba, sí lo hiciese. La Sección Prohibida.
Abrí la puertecilla con rejas, que chirrió levemente –aunque los ecos resonaron más de lo que me hubiese gustado-, y me adentré en el oscuro pasillo bordeado por las estanterías más altas y polvorientas de toda la biblioteca. Tras echar un último vistazo a mi espalda para confirmar que nadie me seguía o vigilaba, murmuré la palabra que encendía mi varita cual candil, y examiné detenidamente las secciones y los libros. Progenie de las Artes Oscuras, Los orígenes de Gryndoler, El lado oscuro de los gigantes, Amigos de la muerte… Todo lo que allí había demostraba sólo con el título el por qué de su presencia en la Sección Prohibida pero, por más que buscaba, no parecía haber nada relacionado con burlar a la muerte. En la siguiente estantería tampoco había nada interesante para mi búsqueda: El arte de envenenar, Oscuros secretos de los fundadores, Leyendas de la Varita Maldita, El budú paso a paso… ¿Acaso la Sección Prohibida se centraba únicamente en oscuridad y muerte? ¿Qué pasaba con las artes prohibidas más allá de lo malvado? ¿Acaso las escondían a mejor recaudo en un lugar más alejado?
Me acerqué a la estantería de más al fondo, iba a acercar la luminosa varita a los lomos de los libros para leer sus títulos a riesgo de fastidiarme las articulaciones del cuello, cuando…
- ¿Quién anda ahí?
Era la ronca, susurrante y siempre demasiado curiosa voz de Tom Hugh, el conserje de Hogwarts. Una persona que me parecía demasiado despreciable para compartir mi nombre, aunque fuera un sucio nombre muggle. Hugh siempre estaba hurgando con sus prominentes narices en todo, y si él no se presentaba, sería su vieja y raquítica gata parda descolorida, Olivia –otro nombre asquerosamente patético- la que se dedicase día sí día también a espiar a los alumnos como si un simple paseo por los terrenos te convirtiese en alguien digno de sospechas.
- Nox –murmuré, y la varita se apagó al instante, dejándome sumido en una oscura penumbra poco compensada por la tenue luz de la luna creciente.
Los pasos de Hugh sonaban cada vez más cerca, podía distinguir cómo se acercaba el brillo de su candil. Me pegué a la estantería, deseando que no me encontrara.
- ¿Quién ha entrado en la Sección Prohibida? ¡Sal de ahí, intruso! ¡Puedo oler tu sudor!
¿Sudor? Yo no sudaba, jamás. Pero me maldije a mí mismo por cometer la terrible imprudencia de dejar abierta la puerta al entrar a la Sección Prohibida. Examiné mi varita, pensando si tendría que darle uso.
- ¡Déjate ver si no quieres que el castigo sea más severo aún de lo que te espera!
Me arriesgué a girar la cabeza, y me arrepentí de ello. Hugh estaba en el mismo pasillo que yo, y se acercaba cada vez más deprisa.
- ¿Quién eres? ¿Eres Ryd…?
Tuve que hacerlo. No me había dado opción. Era él, o yo. Me acerqué cautelosamente, y examiné con desprecio su cuerpo, perfectamente empalidecido y con las articulaciones unidas al tronco como si alguien las hubiese pegado con cola.
Petrificus Totalus. Un hechizo simple, indoloro y efectivo. Aún era pronto para dejar mi marca con maldiciones más poderosas; aún conocía muy pocas, y no quería levantar sospechas entre los profesores tan pronto. Aunque quizá ya fuese demasiado tarde…
Me agaché con cuidado para coger su candil, me erguí y alcé la varita para apagarlo. Pero entonces… Acerqué el candil a la única estantería que no había tenido tiempo de examinar, y entorné los ojos. Era un libro viejo y polvoriento, de cubierta negra como el carbón. Y muy grueso. No tenía inscripción en el lomo, pero quizá sí en la portada. Tenía la extraña intuición de que aquel libro era poderoso… Muy poderoso. Alcé la mano dispuesto a cogerlo, pero una mano vieja y fuerte se anticipó, cogió el libro y lo alejó de mi alcance antes de que me diese tiempo a leer el título. Cuando miré a Albus Dumbledore a los ojos, descargué en esa mirada todo el odio y desprecio que había acumulado en menos de dos semanas en Hogwarts.
- Tom, ¿qué estás haciendo?
- No es de su incumbencia –bufé.
- ¿No es de mi incumbencia? Todo lo que tú hagas ES de mi incumbencia, Tom. Necesitabas conocer, necesitabas saber quién eras en realidad, y por eso fui a recogerte a aquel orfanato. Te traje aquí para que recibieses una instrucción y pudieses convertirte en un gran mago. ¿Es así como me lo agradeces, Tom? ¿Saltándote las normas y agrediendo a un empleado en tus primeros días aquí? No cometas el error de decepcionarme, Tom.
Casi me eché a reír.
- ¿Decepcionarle? No tiene ni idea. ¡No sabe nada! Estoy haciendo algo mucho más importante que ir a esas inútiles clases.
Me dirigí a la salida para regresar a Slytherin.
- Tú sabrás lo que haces, Tom –me dijo, sin volverse-. Diez puntos menos a Slytherin por salir de noche, otros diez por entrar a la Sección Prohibida, y cincuenta más por hechizar a Hugh. Y ya veremos mañana qué opina el director Dippet de esto.
No dije nada. Sencillamente me retiré, molesto, decepcionado, cargado de más odio y repulsión hacia Dumbledore de los que había sentido nunca. Había estado tan cerca…
Consternado, regresé a la sala común, mientras Dumbledore permanecía en la biblioteca, pensativo, con el libro negro en su poder.
Top
Catherine Dubois
Posted: Dec 24 2008, 01:11 AM


Ravenclaw de 1º
Group Icon

Group: Alumno Ravenclaw
Posts: 4.081
Member No.: 359
Joined: 20-December 08



Diooos *OO* me ha encantado en serio
Siempre me ha dado curiosida la historia de voldemort por eso me encanta este fic
sigue pronto ;)
Top
Eve Asuka
Posted: Dec 26 2008, 12:04 AM


Hufflepuff de 1º
Group Icon

Group: Alumno Hufflepuff
Posts: 418
Member No.: 106
Joined: 8-December 08



Me encanta cuando alguien quita puntos *___*U
xDDD

Me encanta Once ^^

Sigue cuando puedas
Top
Once Cullen Hale
Posted: Dec 26 2008, 12:17 PM


Slytherin de 1º
Group Icon

Group: Alumno Slytherin
Posts: 2.424
Member No.: 273
Joined: 13-December 08



¡Muchas gracias! Bueno, os dejo con el tercer capítulo, “Reunión”. Es un pelín más corto que los anteriores, pero no deja de ser importante. En el prólogo Tom Ryddle comienza su vida en Slytherin, en el primer capítulo sale a la luz el único miedo que ha latido dentro de él, y en el segundo tiene lugar un vano intento de solucionarlos. Ahora, en el capítulo tercero, comienza a surgir en Tom Ryddle el principio de lo que, en un futuro, será el “gremio” de los mortífagos…

Capítulo III. Reunión

- ¡Vamos, repetid conmigo! ¡Agitar y golpear!
No secundé a mis compañeros a recitar los inútiles movimientos básicos del Wingardium Leviosa. Mi mente estaba centrada en la frustración, en mi sed cada vez más ansiosa de respuestas. No estaba para nadie, y menos para un profesor chiflado amante de los encantamientos más básicos.
Fue entonces cuando se abrió la puerta del aula, y entró… Dumbledore. Miré por la ventana, haciéndome el distraído.
- ¡Tom Ryddle!
Lo estaba esperando. Habría deseado que no hubiese acudido para buscarme a mí, pero estaba claro que era a mí a quien llevaría ante el director tras lo sucedido en la biblioteca la noche anterior. Lo que me extrañó era que no hubiese ido directamente a buscarme al desayuno. Con un sonoro bufido, sin despedirme de nadie, no dediqué siquiera una mirada a mis atónitos compañeros cuando abandoné la clase de Encantamientos para seguir a Albus Dumbledore a través de los pasillos. Ninguno dijo una sola palabra hasta que llegamos al pie de una gran gárgola.
- Pudín de arándanos –susurró el profesor. La gárgola comenzó a girar, mostrando unas escaleras ascendentes, que seguimos para llegar hasta una puerta. Dumbledore llamó tres veces.
- Adelante –concedió la anciana voz del director Dippet.
El despacho era amplio y circular, con objetos mágicos de desconocida utilidad aquí y allá, en cada mesa, estantería o hueco disponible, y las paredes estaban repletas de cuadros donde los antiguos directores de Hogwarts roncaban como troncos. El director, un hombre menudo y con una canosa barba demasiado poblada, aguardaba sentado tras su escritorio. Un gato negro como una noche sin luna dormía en su regazo.
- Tom Marvolo Ryddle, ¿cierto? –Dumbledore asintió por mí-. Puedes irte, Albus.
El profesor obedeció y se marchó, cerrando la puerta tras de sí. Me tomé la libertad de sentarme sin que me lo ofrecieran.
- El profesor Dumbledore me ha contado tu pequeña aventura de anoche, Tom. Todos cometemos novatadas, y es cierto que muchas veces son las mismas prohibiciones las que nos tientan a saltárnoslas, pero… ¿Tan desesperado estabas como para agredir a Hugh?
No respondí; me limité a sostener su inocente y protectora mirada, la mirada de alguien que parecía estar completamente seguro de que había una razón más que justificada para que un alumno tan ejemplar cometiera semejante “error”.
- Vamos, Tom. No voy a hacerte nada, no voy a castigarte. Sólo quiero saber qué buscabas en la Sección Prohibida, y qué te llevó a inmovilizar a nuestro conserje.
- Está bien –suspiré con resignación, conteniendo la risa. Si esperaba que le fuese a contar la verdad, lo tenía claro-. Es… Es por Hagrid, ¿sabe? Rubeus Hagrid. Me dijeron que le fascinan las criaturas mágicas, pero que tiene el problema de que considera maravillosas e inofensivas las bestias peligrosas para los demás. Yo aprecio mucho a Hagrid, por eso estuve buscando en la biblioteca si existía alguna criatura que pareciese peligrosa, como a él le gustan, pero que no lo fuese en realidad, para regalársela por su cumpleaños, que es dentro de pocas semanas. Como no encontré nada, decidí buscar en la Sección Prohibida. Ya sé que no debería haberlo hecho, que no podemos entrar ahí, pero… Tenía que hacerlo, por Hagrid. Le aprecio mucho. Así que fui anoche, y estuve buscando, pero no encontré nada. Entonces llegó Hugh, y me descubrió, y… Bueno, fue no sabía que hacer. Fue un acto reflejo, supongo. Parecía muy agresivo y tenía miedo de que me fuese a hacer daño.
Se hizo el silencio. Sonreí para mis adentros; no había estado nada mal para ser una coartada improvisada en el momento. Contemplé al director; esbozaba una sonrisa de compresión y paternidad casi exageradas.
- Oh, Tom, todos los alumnos de Hogwarts deberían aprender de ti. Apenas llevas en la escuela un par de semanas y ya te sacrificas por alguien a quien aprecias… Eso es un amigo, sí señor. No te preocupes, Tom. Devolveré a Slytherin todos los puntos que Dumbledore descontó cuanto te encontró en la Sección Prohibida, y me aseguraré de que no te tome tan a la ligera. Pero, por favor, aunque aprecies a tus amigos, no tengas tanta tendencia a incumplir las normas, te podría perjudicar.
Asentí ligeramente antes de incorporarme.
- Muchas gracias, profesor Dippet. Es usted un gran director, sin duda.
Eso. Un poco de peloteo después del papel de amigo ideal. A veces resultaba gracioso incluso parecer patético uno mismo. Me despedí con un movimiento de cabeza y me dirigí hacia la puerta. La abrí para salir.
- ¡Tom, una última cosa! –me volví ligeramente para que pareciese que prestaba atención- Podría valer… un fénix.
Por primera vez en muchos años, mi mente se desencajó.
- ¿Perdón? –pregunté, sin saber de qué diantres me estaba hablando.
- Digo, que un fénix sería un regalo estupendo para tu amigo Hagrid.
Oh, claro. El “fantástico regalo” para “mi gran amigo”.
- Gracias, profesor. Veré qué puedo hacer.
Y me fui. ¿Por qué resultaba tan fácil engañar a los demás con actuaciones tan patéticas? Me ganaría la confianza del profesorado con la máscara del alumno perfecto que adora a sus amigos. Pero nunca tendría amigos.
Los amigos son innecesarios. ¿Amor? ¿Amistad? ¿Confianza? ¿Generosidad? Todo eso me inspiraba asco. Cualidades destinadas únicamente al dolor, el odio y el sufrimiento. El fin último de los amigos es, únicamente, servir como chantaje en manos del enemigo. Si tienes amigos eres débil, porque sufres si alguien les hace daño, y lo evitas a toda costa. Y esa idea me repugnaba.
¿Amigos? No. Lo que yo necesitaba era otra cosa. Siervos. Servidores. Personas leales que jurasen servirme hasta la muerte y cumplir mi voluntad.
Fue entonces cuando la luz de una gran idea se encendió en mi cabeza.
Si reunía un séquito de servidores, que hiciesen lo que yo les ordenase… Sería más fácil, mucho más sencillo, encontrar la solución a mis temores.
Top


Topic OptionsPages: (3) [1] 2 3 




Hosted for free by InvisionFree (Terms of Use: Updated 7/7/05) | Powered by Invision Power Board v1.3 Final © 2003 IPS, Inc.
Page creation time: 1.0410 seconds | Archive
AFILIADOS