Slytherin de 1º

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¡Hola! Vaya, mi princesa se une a la lectura, qué agradable sorpresa :baka: Lo primero, deciros que he cambiado ligeramente un par de cosas en el capítulo 6 (“El paso del tiempo”), porque me he dado cuenta, o mejor dicho Drita se ha dado cuenta y me lo ha hecho saber, que estoy contando la historia como si los sucesos de la Cámara de los Secretos sucedieran en el quinto curso, y fue en el tercero… Un pequeño error cometido por la imprudencia de hacer más caso a mi fatal memoria que a los libros U_U Pero bueno, corregido el error y teniendo lugar los acontecimientos actuales en tercero, vamos allá con el octavo capítulo ^^ (que por cierto, y espero que para vuestro deleite, es un poco más largo que los anteriores)
Capítulo VIII. El secreto de la serpiente
Pasaron las semanas en Hogwarts, el invierno se aproximaba, continuábamos buscando, pero estábamos más cerca que nunca de hallar una pista que nos aproximase al suculento secreto de Salazar Slytherin. Una tarde, en la biblioteca, mientras hacía por hacer una redacción de Pociones, Vanessa llegó ante mí con un ejemplar de Historia de Hogwarts. Lo lanzó sobre la mesa y lo abrió por cierta página, nerviosa. Me miró un instante antes de leer. - <<El colegio Hogwarts de Magia y Hechicería fue fundado por Godric Gryffindor, Helga Hufflepuff, Rowena Ravenclaw y Salazar Slytherin. […] Al negarse a aceptar alumnos que no fuesen de sangre pura, Slytherin abandonó el castillo, no sin antes dejar un oscuro e imborrable secreto para, llegado el momento, vengarse de la decisión de sus compañeros>>. Abrí los ojos cuanto pude, y sonreí levemente. Estábamos cerca… - ¡Tom! ¿No lo entiendes? ¡Esa es la base del secreto que Slytherin guardó en Hogwarts! ¡Un arma, Tom! ¡Un arma pensada para acabar con la presencia de los hijos de muggles! Comenzó a dar botes de alegría, eufórica, pero se le cortó el júbilo enseguida ante el carraspeo de la bibliotecaria. Sonreí, y le regalé un piquito en los labios. Se lo había ganado. Me rasqué entonces la cabeza, pensativo. - En la Sección Prohibida tiene que haber algo más –murmuré-. Allí… allí tiene que haber algún libro donde se hable con más claridad del secreto de Slytherin. Mi voz delataba mi júbilo, mi nerviosismo. Aquella noche pensaba desvelar por fin el secreto… costase lo que costase.
Entré a la biblioteca en silencio, con la varita en alto. La penumbra, que mezclaba la oscuridad con la luz de la luna, inundaba el lugar. La puerta a la Sección Prohibida estaba ante mis narices. - ¿Quién anda ahí? ¡Diablos! Ese conserje entrometido de nuevo. Pero no me fastidiaría los planes, esta vez no. Sentí sus pasos al otro lado de la estantería, podía oír perfectamente su entrecortada y asmática respiración. Rodeé la estantería con cuidado, y me acerqué a él por la espalda. - ¡Petrificus Totalus! Allí se quedó, tirado en el suelo tras un golpe sordo. No le había dado tiempo a ver quién era. No podrían castigarme ni arrebatarme ningún libro de las manos, esta vez no. Me dirigí con cuidado a la Sección Prohibida y abrí con un golpe seco la puertecilla para que no chirriara demasiado. Y comencé a buscar. Antes de lo que esperaba, encontré lo que parecía ser el libro perfecto: Oscuros secretos de los Fundadores. Dentro de la misma Sección Prohibida, dejando el candil a mi lado, me senté apoyándome en la fría pared de piedra bajo una ventana, y abrí el grueso y oscuro libro por una página cualquiera. Pasé páginas y más páginas… Y finalmente lo encontré. Una amplísima sonrisa de júbilo se dibujó en mi rostro. Arranqué la página, dejé el libro en su sitio… y regresé a la Sala Común.
- ¡Aah, déjame en paz! ¡Eres un abusón! ¡Fuera de aquí! Dejé escapar un bufido. Ni siquiera en la biblioteca podían dejar de chillar, a pesar de que la bibliotecaria, la señora Hale, les había echado unas cuantas veces. Oliver Horby y Myrtle Trelawney eran como el perro y el gato: ella tan llorica como para quejarse de todo, y él tan despreciable como para meterse con alguien que no se merecía ni eso. Y por si fuera poco, ambos eran sangre sucia. Al mismo tiempo que la señora Hale les echaba dándole a cada uno un carpetazo en el trasero, Vanessa entró a la carrera y se sentó enfrente mío, jadeando. - ¿¿Qué encontraste anoche?? Sonreí, saqué del bolsillo la página arrugada y la leí en voz baja, para que sólo ella pudiese oírme. - <<Sabiendo que los ideales de sus tres compañeros diferían con los suyos en lo que a calidad de alumnos se refería, Salazar Slytherin llevó a cabo un plan secreto durante la fundación de Hogwarts. Sin que Godric, Helga ni Rowena supieran nada, llevó a cabo la construcción de un lugar secreto en el castillo, un lugar al que sólo él podría llegar, un lugar con un único objetivo. Llamó a aquel sitio Cámara de los Secretos, o Cámara de la Serpiente, y lo estableció de modo que sólo aquellos capaces de hablar pársel pudiesen acceder. Además, ocultó en la Cámara el huevo del que nace la más terrible criatura que jamás existiera, el huevo de un gallo incubado por un sapo. Y aquella bestia sólo obedecería las órdenes del descendiente de Slytherin, para así usar el poder de la criatura por sus propios intereses y purgar el castillo de toda existencia de sangre ingrata. Y para asegurarse de que la Cámara estuviese perfectamente escondida, Salazar la ocultó a la perfección, dejando estratégicamente la pista de su ubicación a los pies del sueño de su heredero>>. Los dos estábamos nerviosos, eufóricos. Pero teníamos un acertijo que descifrar. “A los pies del sueño de su heredero”… ¿Qué quería decir aquello?
Aquella noche no pude dormir. Aún cuando quedaban muchas horas para el alba, me incorporé para ir al lavabo, pero aún a unos centímetros de la cama, una baldosa crujió levemente a mis pies, y se me iluminaron las ideas. “A los pies del sueño de su heredero”: junto a la cama de Tom Ryddle. Qué ingenioso. Pero, ¿cómo podía saber Salazar Slytherin el lugar donde dormiría su descendiente un milenio después? Cada instante me sorprendía más. Me agaché e hice fuerza; la baldosa no se movió, pero me fijé que tenía dibujada la silueta de una serpiente. Sonreí. - Ábrete. Sólo se escapó un siseante silbido, por supuesto. Pero la baldosa se apartó, dejando a la vista un pequeño agujero en el suelo que contenía un pergamino viejo y perfectamente enrollado. Mientras desataba el nudo que lo envolvía bajé a la Sala Común, en uno de cuyos sillones estaba Vanessa, abrazada sobre sí misma. No podía dormir, como yo. Sonreí y me senté en el sofá, y al verme, corrió a sentarse a mi lado y señaló el pergamino. - ¿¿Qué es eso?? - Pronto lo sabremos… Al terminar de desatarlo, tiré el cordel por ahí y abrí el pergamino para leerlo. - <<Estoy plenamente seguro de que aquel que hallara este escrito comparte mis deseos de convertir Hogwarts en una escuela únicamente para magos de sangre pura. Si deseas ayudarme, mi noble heredero, has de buscar la serpiente que se oculta en el agua de los llantos, y ordenarle que se aparte para dejar libre el camino>>. Sonreí y la miré, alzando ambas cejas. ¿El agua de los llantos? - ¡El agua de los llantos! ¡Sé lo que significa! –chilló Vanessa, eufórica- ¡Es el baño de las chicas, el de abajo! ¡Es donde Myrtle se pasa los días llorando por culpa del tal Oliver! Chasqueé los labios, nervioso. Podía ser cierto, o no… pero había que intentarlo. Fuera como fuese, o Salazar Slytherin tenía una suerte tremenda con las casualidades del destino, o sus habilidades en Adivinación superaban con creces todas las expectativas. - ¿Y a qué esperamos? Me llevé a Vanessa de la mano, salimos y comenzamos a subir la gran escalera, a oscuras, sin importarnos quién nos pudiera ver. Y al fin llegamos a las puertas del baño. - Aquí es… Abrimos la puerta, nerviosos, eufóricos, jadeando. Era un baño normal y corriente. Nos dividimos para buscar. ¿Dónde podía haber una serpiente en unos baños que eran utilizados a diario? Me acerqué a los lavabos, y los estudié uno por uno. Y allí estaba. Sonreí, sintiendo cómo mi corazón palpitaba con una fuerza tremenda. Allí… sobre el lavabo… había una pequeña serpiente de bronce, en uno de los grifos. - Es aquí… -murmuré. Vanessa se acercó a la carrera. - ¡Vamos, Tom! ¡Ábrela! Asentí con la cabeza, nervioso. Miré la figura de la serpiente fijamente, imaginando su movimiento endulante, sus siseos. - ¡Ábrete! Sonó un chasquido, y lentamente, muy lentamente, los lavabos se apartaron y se hundieron en la tierra, para dejar a la vista un agujero muy profundo que se perdía en la oscuridad. Al fin… El secreto de Salazar Slytherin estaba en mis manos, y con él, la posibilidad de eliminar al fin a todos los ingratos sangre sucia. La era del heredero de Slytherin comenzaba… La Cámara de los Secretos había sido abierta. :muaja: :muaja:
Capítulo IX: Los planes de Salazar
COMMING SOON…
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